En las noches, los ciudadanos del Imperio Romano construían sus camas
rellenando con paja un saco de tela. La paja debía ser vaciada cada noche para
secarse. Por eso, las camas tenían que volverse a hacer cada noche. Esta
práctica continuó hasta el siglo XV, y en algunos países todavía más tarde. De
ahí proviene la expresión "hacer la cama".

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